las vírgenes y la prima Karlita

El Video de las vírgenes y la prima Karlita

Robert revisó bien en la casa, todos habían salido menos su “primita” que se estaba quedando de vacaciones navideñas, acababa de cumplir 18 años pero tenía un cuerpo escultural. Al asegurarse de que ella dormía fue a su habitación, bajó la cortina (no tenía puerta) y puso el CD en el DVD. 2 años antes uno de sus amigos consiguió el CD y se lo dio para que lo copiase, era un video porno, no cualquiera, el mejor video porno del mundo. Un video con más de 10 chicas jovencitas de apenas 18 y 19 años, perdiendo la virginidad… 100% real, se notaba claramente cuando sangraban y por supuesto, cuanto les dolía.

Por un acto reflejo, echaba un vistazo a la cortina que le quedaba a sus espaldas, para asegurarse que no había nadie y de inmediato pisaba Play. La primera chica era una jovencita negra, aparentaba por su cara unos 14 años, pero en las películas las escogían para eso mismo, en realidad todas eran mayores de edad y sus cuerpos daban fe de ello, se deleitó observando como un tipo mayor le chupaba la concha en la cama luego de ponerle en su boca su verga inmensa que apenas la dejaba respirar, haciendo un perfecto 69 que la dejaba a ella atrapada como una delgada víctima de un violador o algo así… Pero ese día, Robert notó que del pequeño espejo sobre el televisor, el que usaba para peinarse, se miraba a la cortina y lo notó porque se vio claramente una figura asomada, estuvo a punto de saltar y taparse pero, el tamaño de la figura y luego una pierna que se le vio cuando la cortina se movió, le indicaron que se trataba de su primita.

Él era un hombre de 28 años, pero Karla, su primita de 18 parecía excitada, noto que su mano se movía bajo la cortina, claramente se estaba tocando. Lo primero que vino a su mente fue la curiosidad sobre si ella sería virgen aún. No salía mucho y la verdad no parecía una muchacha con “experiencia” pero una idea le dio brillo a sus ojos, se sacó su miembro lentamente y empezó a masturbarse frente a ella, en el espejo se le miraba el rostro casi completo, confiada hacía la cortina a un lado para mirar mejor, se masturbo hasta llegar y quedar todo embarrado de semen, luego, puso el control a un lado y a los minutos, se hizo el dormido, parando la película antes de “dormir”.

Con la guardia activa como araña en su tela, Robert miró por el rabillo del ojo que su prima, al comienzo indecisa, terminó entrando al cuarto lentamente, se acercó y lo que hizo lo tomó desprevenido, la jovencita, con unos pantaloncitos tan cortos y ajustados que casi se revientan al caminar, se agachó junto a el silenciosamente y pasó la lengua sobre su pene, tomando un poco para probarlo. Justo lo que quería comprobar, era virgen, no podía ser de otra manera. Habiendo pasado ya varios minutos, su pene se levantó ante el lengüetazo voraz. En adelante se cumplió el sueño de su vida de la manera menos esperada.

Karla o Karlita, como le decían en la familia, se quitó toda la ropa, no la podía mirar directamente pero lo supo porque, luego de chuparle todo el semen y pararle la verga, ella se montó encima y sintió como su polla luchaba contra el himen de su prima señorita, ella aguantó lo más que pudo el dolor para no “despertarlo” pero al final, estando colocada sobre él, la penetración fue directa y muy dolorosa, dejó escapar un corto, agudo pero potente chillido, el no pudo evitar moverse de la emoción pero nunca abrió los ojos.

Ella creyó en su actuación y sin parar, luego de sentir el primer momento de dolor decidió apostar todo y lo cabalgó con fuerza, ya no le importaba despertarlo, le colocó las manos entre el pecho y el estomago como si de una puta corrida se tratara y disfrutó de su verga mientras el dolor poco a poco pasaba hasta que un temblor en su abdomen le indicó que ya se venía. Rápidamente se bajó y se metió el pene en la boca, chupando con fuerza hasta que sintió que toda la leche se desparramaba en su lengua. Habiendo probado ya un poco, decidió tomarse también toda la leche que sacó con su esfuerzo. Se vistió y silenciosamente, se fue como vino.

Robert esperó un rato, indeciso sobre si levantarse o no, miró al espejo y notó que en cuanto movió una pierna para levantarse, ella se alejó de la cortina, para encerrarse en su cuarto. Esas navidades fueron las mejores para Robert, nunca fue un tipo de salidas familiares, siempre se quedaba a jugar Nintendo o a mirar porno y, de manera “extraña”, resultó que su prima tampoco gustaba mucho de las salidas familiares, todas las tardes se quedaban solos y el colocaba el CD para quedarse dormido pronto, ella entraba y, en ese juego de doble actuación, lo cabalgaba, probaba a colocarse de espaldas a él, siempre guiándose con distintos videos que Robert colocaba antes de “dormirse”.

La noche de Fin de Año, al momento del abrazo navideño, se miraron un rato antes de abrazarse y al separarse, casi inocentemente, ella rozó su verga por encima del pantalón, estaba tan erecto como podía, de inmediato lo volvió a abrazar un rato y entonces, sin actuaciones, su pacto quedó sellado, ella partió a su ciudad pero algún día volverían a verse, esta vez ambos con los ojos abiertos, para rememorar ese día en que perdió su virginidad con la polla erecta de un durmiente.

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